Feliz cumpleaños, querido y admirado tocayo,
No me olvidaré nunca de la primera vez que pude disfrutar, junto a Irene, de tu extraordinaria actuación en el bello pueblo de Esslingen hace más o menos una década. En una sala repleta, se palpaba una emoción contenida entre los espectadores muchos de los cuáles ya se notaban fans incondicionales. Para nosotros, ese día fue nuestra iniciación en el arte del mimo y te confieso que nunca me pude imaginar disfrutar tanto como lo hicimos esa tarde. Conseguiste en cuestión de segundos captivarnos, por momentos nos reíamos a carcajadas y al rato se nos saltaban las lágrimas. Nos tuviste en vilo durante toda la actuación, me sentí un niños preso de unas emociones increíbles y deseaba que es espectáculo no tuviese fin. Y todo ello sin decir una palabra, realmente resultó ser pura magia y, cómo no, nos convertimos también en fans incondicionales tuyos. Te deseo que, junto a tu querida Jenny, sigas regando de felicidad este mundo tan necesitado de tu magia y esperanza, con tu arte llegas a todos nosotros en cualquier rincón del planeta y logras esbozar sonrisas en jóvenes y mayores. Gracias por todo ello querido amigo!
Con un fuerte abrazo,
Carlos Medina Drescher